El Carche: la emoción del paisaje
Declarado parque regional, desde su cumbre se divisa el Mediterráneo, buena parte del sureste y Sierra Nevada. De gran riqueza forestal, el águila real y calzada, el búho real y el halcón peregrino nidifican en sus roquedos

 

 

Texto y fotos: José María Galiana
30/11/2003
 

Atalaya de inmensidad, vigía de los días claros, amparo de encinas, rapaces en vías de extinción y bandoleros de leyenda, la sierra de El Carche es el accidente orográfico más elevado de la comarca del Altiplano (1372 metros), formada por los términos municipales de Jumilla y Yecla, un espacio muy sugerente por lo arriscado de su cumbre, el agreste paisaje, los vertiginosos roquedos que ciñen las barranqueras, su valor geológico, palentológico y arqueológico, la nidificación de aves amenazadas y una umbría de sorprendente riqueza forestal dominada por pinares de repoblación y carrascales, patrimonio que se enriquece con medio millar de pinos laricios, trescientos ejemplares de pino negral y un copioso sotobosque de sabinas, enebros, coscojas, espinos, durillos, labiérnagos, espliegos, ruscos, genistas, madreselvas, lentiscos y plantas aromáticas y medicinales, tales como la almohadilla de pastor o cojín de monja, romero, tomillo, gayuba o uva del oso (recomendada para el riñón), rosal silvestre, oreja del oso o hierba de la tos, etc.
 

PEÑA AZUARA. En sus paredes hay cuevas habitadas desde el eneolítico/calcolítico (3.000-1900 a. C.).

Declarado parque regional en marzo pasado, abarca una superficie de 5.942 hectáreas e incluye buena parte de la vecina Sierra de las Pansas (1036 metros), el diapiro de la Rosa, la salina de interior más productiva de la comunidad murciana, y diversas áreas cultivadas y enclavados interiores
En 1794, el historiador Juan Lozano comparó la sierra de El Carche a «un gran libro de historia natural. Sus producciones son capaces de satisfacer, y alimentar la botánica más diligente. Todo él, arroja inmensidad de plantas, y en suma no es otra cosa, que una selva espesísima». Dos siglos después, El Carche no es una «selva espesísima» pero conserva cierta impronta boscosa, a pesar del desmedido aprovechamiento que a mediados del siglo XX se hizo de las encinas, el árbol autóctono de los montes mediterráneos. Ahora, en el espectacular barranco de Guarafía, compiten el pino carrasco de repoblación con manchas poco densas: la carrasca o encina crece sobre rocas calizas o silíceas por encima de los novecientos metros, y muestra una gran vitalidad, razón por la que sobreviven a talas e incendios. Angel Sánchez y Ricardo Castillo, agentes forestales, cifran en sesenta las hectáreas que se han podado y clareado en los últimos años, además de las numerosas fajas auxiliares (bordes de los caminos), una labor necesaria.

Umbría de la Madama

De las comunidades vegetales, que suman más de seiscientas especies, cabe significar los tomillares gipsófilos, carrascales, matorrales calcófilos ricos en especies singulares, y el pinar relíctico de pinus nigra, en la umbría de La Madama, topónimo que debe al vértice geodésico de primer orden instalado en la cumbre, en cuyos precipicios existen rampas para lapractica de parapente y ala delta; también da nombre a una garita desde la que se goza de una panorámica tan espaciosa que abarca cresterías de Cuenca, Alicante, Albacete, Jaén y Granada, el Mar Menor y unos puntos concretos del Mediterráneo, como el puerto de Alicante, las salinas de Torrevieja y la bahía de Cartagena (en los días claros se ve Sierra Nevada).
 

A pesar de esa sensación de inmensidad, más placentero es el paisaje inmediato: el aire que peina el encinar, la nube que se descuelga sobre el viñedo, el ocre y el verde de las labrantías, las siluetas familiares de las sierras de La Pila, Salinas, Larga, Sopalmo, Santa Ana, de Enmedio, Cingla, del Buey, de la Magdalena, del Cuchillo, de las Cabras, el monte Arabí, Dos Hermanas, Espuña, el cerro del Almorchón, el pico del Buitre, la sierra de los Alamos y el perímetro de El Carche, circundado de viñas, almendros, algunos olivos testimoniales y las bodegas de Agapito Rico y Casa de la Ermita, donde se elaboran vinos de contrastada calidad.
 

LA MADAMA. El vértice geodésico da nombre a la cima de El Carche. En la cabaña se puede vivaquear.

Las últimas lluvias han espolvoreado los árboles y el verde es más claro y fulgente. Primavera y otoño son las estaciones más apropiadas para conocer este parque regional. Al igual que en la sierra de La Pila, si a finales de agosto llueve los níscalos despuntan y la sierra se convierte en una romería a la que acuden vecinos de Alicante y Yecla. Este año, la lluvia, abundante (ya se han recogido más de 300 litros), ha llegado tarde.

Cada año, la federación de Senderismo organiza una ruta desde la cima del Carche al Monte Arabí (en torno a cuarenta kilómetros), distancia que no amilana a los senderistas que, en número de doscientos, cuentan con el apoyo de treinta monitores.

Restos arqueológicos encontrados en la soberbia Peña Azuara o Castelar, confirman que la sierra estuvo habitada en el eneolítico/calcolítico (3.000–1900 a.C.), y no faltan restos de poblados fortificados, villaes, romanas, acueductos y cerámica islámica.

Los años vividos han dejado huellas elocuentes: una cañada real, un cordel y dos veredas para el ganado trashumante, un pozo de nieve en mal estado de conservación (siglo XVII) de planta cilíndrica y falsa cúpula cónica, utilizado hasta principios del siglo XX, dos canteras de falsa ágata abandonadas porque no se extraían grandes bloques, el cerro del Quemao, víctima de un incendio, cultivos de secano desatendidos, dos ermitas, el cuco de la Alberquilla –un granero de época romana–, unas pocas fuentes, varias aljibes de agua no potable y más de 160 kilómetros de pistas forestales.

San Cristóbal y Guarafía


El Carche está surcado por numerosos barrancos, si bien hay dos que destacan por los abruptos roquedos y la densidad de vegetación mediterránea. El de San Cristóbal nace en la solana y muere en la umbría, un cambio brusco. Mediada la ascensión surge un denso bosque de pinos, y pasado el paraje de La Omblanquilla llama la atención un pino de gran corpulencia, de cuatro metros de diámetro, derribado por el viento. Más arriba, una pareja de águilas reales planea en el cielo.
 

BARRANCO DE GUARAFÍA. El verde claro del pinar de repoblación contrasta con el aceituno del encinar, el árbol primitivo de las sierras mediterráneas.

Las primeras encinas alegran la ascensión (su presencia anuncia que estamos a mil metros de altura). Una familia se aprovisiona de leña en la umbría de La Madama, donde el pino laricio, propio de las sierras de Alcaraz y Cazorla, regala la esbeltez de sus alas apaisadas. Pronto, al doblar un repecho, surge la mancha de pino negral: se plantaron hace treinta años y no se han secado, pero tampoco espuman.

El barranco de Gorafia/Guarafia/Guarafía –así se lee en distintos indicadores– es uno de los parajes más espectaculares de la Región de Murcia. Se extiende a lo largo de una umbría cubierta de encinas, coscojas y pinos de repoblación que compiten en verdor y espesura, un paisaje de inusual belleza por la profusión de cantiles rocosos, vegetación y fauna: rapaces, jabalí, cuervo, mirlo, arrendajo, gavilán, cernícalo, garduña, gato montés, conejo, zorro... En la cima del Carche el aire es vivo y frío. Abajo, el campo está en silencio, Jumilla, Yecla y Pinoso son un pañuelo blanco y las pardas sementeras dan calidez al paisaje. Bajamos a mediodía, poco antes de que una nube preñada de lluvia ocultara la cima de El Carche, una de las más bellas desconocidas de la geografía murciana. Siguiendo el consejo de Azorín (La Voluntad), el excursionista baja con la intención de volver a sentir la emoción del paisaje, un paisaje que amansa, conforta e ilustra.

 

CÓMO IR, COMER, DORMIR

Accesos: Puede acceder al parque regional de El Carche desde la solana de Matamoros, por Bodegas Agapito Rico y las Casas de la Rosa, y por la carretera de Jumilla a Pinoso, atravesando las Encebras, y desde Raspay.

Para comer: Mesón de María; carretera. de Jumilla, kmo. 58’6. Jumilla (968 783 373); en el refugio de los Lomazos hay barbacoa.

Para dormir: En la cumbre de El Carche una cabaña de madera permite el vivac. Albergue de Peña Azuara. Recién remodelado, tiene capacidad para 50 personas con literas. Salón con hogar. No hay duchas y el agua del aljibe anexo no es potable. Para la ocupación del refugio hay que pedir autorización con diez días hábiles de antelación al Ayuntamiento de Jumilla (968 780 112) y a la dirección general del Medio Natural (968 228 931). Tiempo máximo de ocupación, siete noches.

Oficina municipal de Turismo: 968 757 682. fax: 968 757 795. email:mayso@wol.es

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