Los iberos de El Cigarralejo

Desconocidos durante siglos, su cultura fue el resultado de las relaciones con fenicios, griegos y etruscos
 

 


Texto: José María Galiana
13/05/2002
 

El Museo de El Cigarralejo, situado en el palacio del marqués de Menahermosa, prototipo del barroco murciano, cumple hoy su noveno aniversario. De carácter monográfico, custodia los restos de un importante yacimiento ibero. Durante estos años lo han visitado miles de adolescentes y adultos, salió indemne de un terremoto y sus piezas más señaladas, como el Vaso de las granadas y los puñales, se han expuesto en las principales capitales europeas.

Individuales, guerreros e imaginativos, los iberos, nuestros antepasados más directos, ocupaban en el siglo VII a. C. el sureste de la península que ha conservado su nombre (los celtíberos habitaban la meseta central, y los celtas, junto a astures, cántabros y vascos, el norte y el oeste). En aquel tiempo España estaba situada en los confines de la tierra entonces conocida. Desconocidos y olvidados durante siglos, su cultura y evolución fue consecuencia de las relaciones comerciales con fenicios, griegos y etruscos que les trasmitieron sus costumbres, ideas y manifestaciones artísticas. Dedicados principalmente a labores agrícolas, se servieron del hierro para fabricar los aperos. Orfebres y alfareros, su estructura social era compleja, y la religión y los ritos funerarios marcaron sus vidas. La mayoría de los poblados estaban fortificados y disponían de graneros y cisternas. Criaban caballos, tenían alfabeto, cultivaban el cereal y utilizaban el arado. Los hombres llevaban capa de lino y una túnica corta ajustada con un cinturón de hebilla, y las mujeres túnicas superpuestas. La influencia del mundo ibérico mantuvo su vigencia durante los primeros años de la dominación romana. Estrabón describió en estos términos su manera de combatir: «Al modo de bandoleros, armados con jabalina, honda y espada. Llegando a montar dos en el mismo caballo».

En la margen derecha del río Mula, aguas abajo de la presa del pantano de La Cierva, no lejos de Villaricos, asentamiento romano de carácter residencial habitado durante los seis primeros siglos de nuestra era, se encuentran las ruinas del templo, poblado y necropólis de El Cigarralejo, yacimiento ibero de época prerromana (siglos IV a I a. C.), que ha proporcionado la colección de armas ibericas más importante de España. Lo descubrió en 1936, cuando dirigía las obras del Taibilla, Emeterio Cuadrado, ingeniero de caminos y arqueólogo vocacional que dedicó 40 años a la excavación, los tres primeros en el santuario, más tarde en la necrópolis, de la que llegó a documentar más de 548 tumbas con sus correspondientes ajuares (la necrópolis fue utilizada durante tres épocas: fase preibérica, que data del final de la primera edad de hierro: finales del siglo VI a principios del siglo V a. C., y fase ibérica clásica, datada gracias al hallazgo de cerámicas griegas de la segunda mitad del siglo V al siglo IV a.C., y fase tardía, durante el siglo II a.C.).

Fruto del amor y los desvelos de Emeterio Cuadrado es el museo monográfico de El Cigarralejo, en Mula, instalado en las dependencias del palacio de José Llamas, marqués de Menahermosa, edificado en el siglo XVIII. Se trata de una sobria edificación del barroco murciano construida con ladrillo de tejar y tapiales. La portada se enriquece con mármoles rojos y negros extraídos de las canteras locales, y bajo los aleros hay una gola decorada con pinturas alusivas a la profesión del fundador. El interior se conserva intacto: acceso para caballerías, bodega, baldosines de barro barnizado, puertas verdes, tinajeros y la capilla donde se oficiaba misa a diario. Desde el jardín, entre las palmeras y los frutales, se yergue la clásica torreta recortada en el azul. La reproducción de una de las tumbas excavadas en la necrópolis de El Cigarralejo ilustra este museo, propiedad del ministerio de Cultura.

Desde el pasado mes de octubre acoge una muestra única, tan bella como excepcional: la colección Emeterio Cuadrado, más de un centenar de exvotos descubiertos debajo de un muro de una de las habitaciones del santuario: «Debieron hacerlos artesanos que vivían cerca del templo, dice Victoria Page, directora del museo. Los iberos dejaban objetos de uso personal (cuentas de collar, anillos, pendiente, fíbulas o imperdibles, y hasta una falcata o espada votiva), y del centenar de exvotos la mayoría son équidos -una pareja de asnos, yeguas, potrillos y caballos, alguno ricamente enjaezado, como el que representa al museo-; otros son exvotos humanos vestidos con largas túnicas y un manto sobre los hombros».

Las piezas miden en torno a 10 centímetros y transmiten una mezcla de ingenuidad y ternura, no exenta de modernidad. En la misma sala hay una reproducción del santuario, con copias de los exvotos. Las auténticas se exponen en un espacio anexo, en expositores muy bien iluminados. Entre los días 14 al 24, coincidiendo con el Día Internacional de los Museos, en El Cigarralejo se han programado actividades con los colegios e institutos de Mula que incluyen visita al santuario, charlas sobre la sreligión en el mundo ibérico y, para los más pequeños, colorear recreaciones de ánforas.

El Vaso de las granadas
El museo del Cigarralejo enamora al visitante. El palacio, ejemplo del barroco murciano, crea una atmósfera cálida y sensual: las persianas de esparto, el suelo de barro, la forja y la carpintería original, las palmeras y buganvillas del jardín, el techo a revoltones, la capilla, la doble escalera y hasta la torreta mirador que corona el tejado hacen muy grata y amena la estancia. El lector debe saber que este museo atesora piezas únicas del mundo ibero, como el célebre Vaso de las granadas y los puñales, una copa con relieves de conejos, águilas y patos, o el Vaso de los guerreros y los músicos, así como la colección de armas más importante de España.

Con ocasión de la magna exposición Los Iberos, príncipes de Occidente, muestra de carácter itinerante presentada en París, se enviaron las piezas halladas en la tumba de un guerrero importante: cuatro lanzas de hierro de dos metros de longitud, una espada o falcata con cabeza de pájaro, una funda, un disco de plomo con epigrafía autóctona y caracteres griegos, el antecitado Vaso de los guerreros y los músicos, un regatón, una empuñadura de escudo, una espuela y dos ex votos de la colección de Emeterio Cuadrado: el caballito de El Cigarralejo, emblema del museo, y un bajorelieve con asno y pollino.

La tumba de incineración aludida se descubrió en 1957. La urna cineraria era una vasija ovoidal de cerámica ibérica decorada con figuras geométricas y cerrada con un plato invertido de cerámica adornado con franjas. En la urna se hallaron las cenizas del guerrero, varias de sus armas convertidas en un masa de hierro oxidada, un anillo de bronce, una pequeña vasija de alabastro o mármol y un alfiler de hueso. El resto de las ofrendas estaban en el exterior de la urna, en una patera griega recubierta de barniz negro de finales del siglo IV a.C, dispuesta en el centro de una masa de piedras de tres metros de lado.

Las diez salas del Museo del Cigarralejo, ordenadas cronológicamente, muestran la destreza y sensibilidad de los iberos en la confección de armas: lanzas, jabalinas, espadas, puñales de antenas atrofiadas, escudos rectagulares y redondos, cuchillos y cascos con penacho.

En la sala dedicada a la cerámica hay objetos de varios tamaños, formas y calidades. Los iberos ya no comían de la misma fuente; la vajilla de mesa, decorada con pintura, disponía de jarras y copas para la bebida, y de platos, fuentes y cuencos para la comida. Usaban pequeños recipientes de perfumes, pinturas o cremas, y otros de gran tamaño y boca ancha donde almacenaban frutos secos, miel, aceite y bebidas. En estos mismos recipientes introducían los restos calcinados del difunto y otros objetos: la mayoría lucen representaciones geométricas y motivos florales pintados en rojo, un color sagrado. Una vez incinerados los introducían en una vasija de entre 20 y 80 centímetros, y en torno a ella colocaban el ajuar: armas si eran guerreros, y cuentas de collar, anillos y útiles de casa si eran mujeres.

En el museo se venden réplicas de exvotos y piezas con motivos ibéricos, los escolares de Mula participan en actividades periódicas y hasta la fecha se han publicado cuatro cuadernos bajo el epígrafe Experiencias didácticas del museo monográfico del Cigarralejo.
Desde su apertura, tal día como hoy, el 14 de mayo de 1992, la media anual de visitantes se cifra en 8.000. Feliz cumpleaños.

 

DATOS
Dos museos sobre el mundo ibero
El Museo del Cigarralejo, de Mula, depende del ministerio de Cultura y su acceso es gratuito. Excepto lunes, abre sus puertas de 10.30 a 14 horas, y domingos y festivos, de 10.30 a 13 horas, salvo el segundo domingo de cada me; esa mañana el horario es de 12 a 14 horas. La restauración del edificio, obra de Manuel Cuadrado, fue premiada por la Comunidad Autónoma. Dispone de 10 salas en las cuales se presentan varios ajuares completos de tumbas, ordenadas cronológicamente.
Los audiovisuales que proyectan en el MARQ (Museo Arqueológico de Alicante) ayudan a niños y a mayores a conocer la vida de los iberos en la Contestania, nombre por el que era conocida en la Antigüedad una franja del territorio comprendido desde el Campo de Cartagena hasta Cullera, mientras que la Bastitania ocupaba el resto del reino de Murcia incluida parte del litoral e interior de Almería. El horario de visitaS del MARQ (tfno:965 14 90 00. Concertación de visitas: 965 14 90 06) es de 10 a 14 y de 16 a 20 horas, excepto lunes, que cierra todo el día. Domingos y festivos, sólo mañanas, de 10 a 14 horas. En invierno, de octubre a mayo y excepto lunes, puede visitarse el yacimiento arqueológico Tossal de Manises, donde se conservan los restos de Lucentum, la primitiva Alicante.

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