La capa negra de CARAVACA
Una nube de polvo oscureció la tierra hace 65 millones de años y extinguió gran parte de la flora y fauna terrestre
 

 


Texto y fotos: José María Galiana
12/04/2003
 

BARRANCO DEL GREDERO. En una de sus laderas está la capa negra de Caravaca. / J.J. FERNÁNDEZ

El barranco del Gredero se encuentra a dos kilómetros de Caravaca, a escasa distancia de la carretera que lleva a Lorca, y es probable que deba su nombre al color gredoso de su superficie que contrasta con el pinar de repoblación que retiene y da verdor a las laderas.

 


Nada invita a caminar por estas cárcavas grises y blanquecinas de no saber que se trata de un espacio de excepcional interés geológico a nivel mundial, prueba de ello es la Reunión Internacional sobre Bioeventos que va a celebrarse desde el 3 al 8 de junio en Caravaca, con asistencia de destacados paleontólogos de universidades inglesas, alemanas, chinas, belgas, estadounidenses, mejicanas, japonesas, canadienses, holandesas y españolas.

Cabe resaltar entre ellos la presencia de Jan Smith, de la Vrije Universiteit Amsterdam, quien a comienzos de la década de los ochenta descubrió y analizó las arcillas del límite K/T en el barranco del Gredero: en términos coloquiales, la llamada capa negra, una nube de polvo que oscureció la tierra hace 65 millones de años, produjo un súbito enfriamiento de la atmósfera y extinguió buena parte de la vegetación y todos los animales terrestres con un peso superior a 25 kilogramos, entre los que se encontraban los dinosaurios. Testimonios fehacientes de la capa negra sólo hay un centenar en el planeta, tres de ellos en España: Agost, Zumaya y Caravaca.

La capa negra de Caravaca apenas es una lámina de un metro de largo y dos milímetros de espesor de un color verde oscuro en la que se ha detectado metales nobles y una elevada concentración de iridio, un elemento muy poco frecuente en la corteza de la tierra pero muy abundante en los meteoritos.

Desde 1980, cuando un equipo de la Universidad de Berkeley descubrió en la capa negra de Gubbio (Italia) niveles de iridio cien veces más altos de lo normal, esos restos de hollín (prueba de la existencia de incendios continentales producidos por la explosión original) empezaron a relacionarse con el impacto de un gran meteorito en Chicxuluv (península de Yucatán, Méjico) que pudo ser la causa de la extinción de gran parte de la flora y fauna terrestre.

Los niveles de iridio analizados en un sólo yacimiento permiten extrapolar una cantidad global cercana a las 200.000 toneladas. Un asteroide con tal contenido de iridio tendría que medir por lo menos 10 kilómetros de diámetro, y el impacto de un cuerpo de este tamaño sobre la tierra, a una velocidad estimada de 16 a 21 kilómetro por segundo, crearía un cráter de más de 150 kilómetros de ancho, un aumento de temperatura entre 5 y 20ºC, y grandes incendios.

Luis Alvarez, premio nobel de física, y su hijo, el geólogo Walter Alvarez, sostenían que el impacto habría levantado una nube de polvo hacia las capas altas de la atmósfera, una nube lo bastante grande como para cubrir el mundo y ocultar el sol durante más de un año. En el corazón de los continentes, las temperaturas pudieron caer por debajo del punto de congelación, y la nube de polvo fue convirtiendo el día en noche, suprimiendo la fotosíntesis vegetal y eliminando la base de las cadenas alimentarias tanto terrestres como marinas. Como es obvio, los más perjudicados fueron los animales de mayor tamaño, en este caso los dinosaurios, con altas necesidades alimentarias, y la mayoría de sus depredadores.

Asimismo, otros científicos investigaron los posibles efectos de una guerra nuclear, y llegaron a la conclusión de que generaría polvo suficiente como para amortajar a la tierra bajo un largo «invierno núclear». El citado asteoride causaría una explosión equivalente a la de cien millones de bombas H de un megatón, suficiente para ocasionar una refrigeración global.

Supervivientes

La realización de numerosos y detallados estudios de secuencias rocosas en torno al límite K-T permitió a los paleontólogos documentar la desaparición de los siguientes grupos de animales: en tierra, los dinosaurios, pterosaurios (reptiles con alas) y algunas familias de aves y mamíferos marsupiales (canguros); en el mar, reptiles de veinte metros de longitud y cuerpo similar al de las serpientes, lagartos gigantescos, ciertas familias de peces teleósteos, ammonites (moluscos), belemnites, conchas, lamelibranquios e inocerámidos (moluscos), y más de la mitad de los diversos grupos planctónicos.

En el grupo de supervivientes están la mayor parte de plantas y animales terrestres (insectos, caracoles, ranas, salamandras, tortugas, lagartos, serpientes, cocodrilos y mamíferos placentarios) y un elevado número de peces y de invertebrados marinos: estrellas y erizos de mar, moluscos, artrópodos.

En octubre de 1998, según se lee en el libro El Patrimonio Geológico de la Región de Murcia, dos científicos confirmaron la existencia de «un isótopo del Cr (el Cr 53) en unas proporciones muy superiores a las normales en la capa negra de Caravaca y de Stevns Klint, (Dinamarca). Debido a que este isótopo es abundante en los meteoritos, su aportación es un gran avance hacia la confirmación del origen extraterrestre de la capa negra».

Los geólogos denominan a este suceso el episodio K-T, y es el más reciente y el de menor mortandad de los cinco que nuestro planeta ha experimentado. Las grandes extinciones producidas en el planeta empezaron a finales del Ordovícico (440 millones de años), Devónico tardío (365), final del Pérmico (225), posrrimerías del Triásico (210) y la citada Capa negra, hace 65 millones de años.

Basándose en el recuento de cráteres lunares y terrestres, y el número de grandes asteroides cuya órbita podría interseccionar con la de la tierra, se ha estimado que un asteroide de 10 kilómetros de diámetro debería estrellarse contra nuestro planeta cada 50 o 100 millones de años, además de otros impactos de menor o mayor entidad.

El meteorito de Molina
 

EL MÁS GRANDE DE ESPAÑA. Imagen del meteorito caído en Molina en 1858 . / J. M. GALIANA

El mayor de los meteoritos registrados en España cayó en Campotéjar (Molina de Segura), la madrugada del 24 de diciembre de 1858. Surcó el cielo dejando una estela de fuego y un zumbido, produciendo un pequeño terremoto al estrellarse.
Fragmentado en 16 trozos a raiz de la colisión, el mayor pesó 116 kilogramos, y es el más grande de los meteoritos localizados en España. En la actualidad se conserva en el Museo Nacional de Ciencias Natuarales de Madrid, junto con otros tres fragmentos del mismo de 13,8 y 4 kilogramos; los restantes se hallan repartidos por diversos museos del mundo: «Este meteorito -sugiere la citada publicación-, podría proceder de la fragmentación de las capas más externas de los asteroides localizados entre las órbitas de Marte y Júpiter, donde se originaría hace más de 4000 millones de años, siendo posteriormente proyectado al espacio interplanetario por alguna colisión y, tras viajar durante cientos o miles de millones de años, cayó sobre Campotéjar como preludio d e la navidad de 1858».

No es el único registrado en la Región de Murcia. Cabe citar uno de 148 gramos localizado en 1870 en Cabezo de Mayo, y otro de 21 gramos que en 1894 impactó en Los Martínez del Puerto.

En el Ayuntamiento de Molina de Segura existe una reproducción del meteorito de Campotéjar, la pieza más importante de la colección de meteoritos que posee el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.

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