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El Casón,
un mausoleo del siglo III
El
monumento funerario consta de un cuerpo rectangular de 3’15 por 2’15 metros,
bajo cuyo pavimento se disponen tres sepulturas de inhumación
Texto: José María Galiana
08/12/2002
Declarado
monumento nacional el 3 de junio de 1931, el Casón (sinónimo de cueva,
antro, covachuela) es un mausoleo romano de planta de cruz griega, con tres
tumbas y un pequeño altar, edificado en los últimos años del siglo III ó
durante la primera mitad del IV d. C. Debió construirlo alguien originario
del Mediterráneo oriental, contratado exprofeso por el dueño de una suntuosa
villa romana cuyos restos se hallan a cuarenta metros del monumento
funerario.
Lo insólito,
lo que hace del sepulcro un excepcional testimonio, es que la obra,
abandonada y maltratada sistemáticamente, situada a centímetros de la vía
férrea del tren Chicharra a su paso por Jumilla, refugio de «maleantes y de
mujeres de malvivir» se haya mantenido en pie durante 16 siglos.
José Miguel
Noguera, profesor titular del área de Arqueología de la Universidad de
Murcia, lo explica así: «Lo normal es que a los 15 ó 20 años se hubiera
venido abajo, pero lo construyó un maestro que, muy probablemente, vino del
Mediterráneo oriental o aprendió el oficio con alguien de aquella zona, por
el tipo de piedra empleado: dolomías y calizas micríticas -muy compactas-,
piedras de gran dureza resistentes a la acción de los agentes atmosféricos;
además, la mezcla de cal y de arena está muy equilibrada, lo que facilita la
trabazón de las piedras. En realidad, el edificio es una roca. El estudio de
las trazas geométricas denota que estaba perfectamente modulado, y eso es lo
que ha permitido mantenerse a través del tiempo. Otra singularidad es el
revestimiento interior y exterior con un estuco muy fino en color rojo para
proteger el edificio».
El Casón se encuentra Tras el huertecico, paraje que entonces estaba en la
fértil llanura que se extendía al mediodía de la ciudad, hoy en el extremo
suroeste del casco urbano de Jumilla, a dos pasos de la ermita de San
Agustín que felizmente se encuentra en avanzado proceso de restauración,
centinela del antiguo camino de Granada que subía hasta la iglesia de
Santiago.
Cuando el canónigo Lozano
publicó a finales del siglo XVIII su Historia de Jumilla, en estos campos y
huertas quedaban todavía numerosos testimonios romanos de su pasado, «desde
las faldas del Castillo hasta los Cipreses, y lo mismo de la Asunción
antigua hasta el Rollo: arquitectura, alfarería y pintura juegan aquí; todos
nos rinden sus frutos, inscripciones, mosaico, baños, sepulcros, lucernas,
plomos, campanillas, vasos, ánforas. En los Cipreses se descubrieron
preciosos mosaicos de ornamentación geométrica, uno de ellos limitado por
estrecha cenefa figurando una arquería y el fondo cubierto con enlaces de
rombos. Esas solerías estaban ocultas por las ruinas de tabiques y lienzos
pintados de amarillo, encarnado y verde, con sus caballos corriendo y
ciervos entre sus piés, lo que ofrece idea de caza y batida.«El dolor es que
todo está roto y hecho piezas», se lamentaba el canónigo e historiador, que
hizo esta descripción del Casón:«de figura oval, con otros dos óvalos que
salen de este edificio por una y otra banda. Un mausoleo muy extraño en
forma de huevo, que no es romano, ni árabe ni cartaginés».
González Simancas, autor de una obra ingente y muy documentada, visitó
Jumilla en 1895 y le impresionó sobremanera este singular monumento «quizá
único en España, donde no conozco ni tengo noticia de otro igual;.por su
interés arqueológico, es equiparable a la cripta o martyrium de La Alberca».
Cayetano Mergelina, que dató el yacimiento en época bizantina (siglo VII),
excavó en 1935 el interior, comprobó que las tumbas estaban expoliadas
-«apenas quedaban unos huesecillos»-, y las volvió a tapar.
El monumento funerario consta de un cuerpo rectangular de 3’15 por 2’15
metros, bajo cuyo pavimento se disponen tres sepulturas de inhumación; sus
muros tienen un grosor de medio metro y en el alzado de los ábsides o
exedras, que sólo sirven para dar consistencia a la obra, se abre una
ventana estrecha y alargada. El acceso se realiza a través de una puerta de
0’90 metros de ancho orientada a la salida del sol y rematada por un arco de
medio punto construido en ladrillo.
La Universidad de Murcia acometió en 1995 el estudio histórico arqueológico
integral del monumento. En ese tiempo se encontró en las inmediaciones del
Casón el balneum (balneario) de la villa, construido en el siglo IV, con su
horno y su caldera. Se recuperó igualmente el antiguo nivel de circulación,
y como resultado de las excavaciones, puede afirmarse que el mausoleo no
estaba aislado, sino que formaba parte del cementerio rural de la misma
villa.
José Miguel Noguera
confirma la excepcionalidad del monumento, ya que en España sólo hay dos
réplicas de El Casón: «El mausoleo Las Vegas, en Pedraza (Segovia), que se
encontró en el pórtico de una iglesia románica, y el de Fabara (Huesca),
pero de ambos únicamente se conserva la cimentación. El Casón es de los
pocos que se conservan en todo su alzado, y muestra un paralelismo
tipológico con el de Sagvar (Hungría, la antigua Dalmacia), construido en la
primera mitad del siglo IV. La arqueología clásica -afirma Noguera- se ha
preocupado de las ciudades pero no del mundo rural, y en el campo hay un
número sustancial de villas, granjas, bodegas y almazaras por documentar».
Las villasa romanas tiene dos partes diferenciadas: la zona de almacenes,
almazara, bodega, etc, y la vivienda del propietario, -pars urbana- que era
la extrapolación al campo de la casa urbana, incluyendo todos sus lujos y
comodidades: termas, conducciones de agua, peristilos decorados
suntuosamente, hermosos pavimentos, habitaciones con pinturas alegóricas al
campo, tapices y grupos escultóricos. Prueba de ellos la célebre escultura
de Hypnos (siglo II) encontrada en 1893 en las inmediaciones del Casón.
Adquirida por el Instituto Arqueologico de Berlín, se trata de una escultura
romana fundida en bronce que el barón del Solar de Espinosa regaló a su
hermano político Antonio Cánovas del Castillo, y que sus herederos vendieron
al citado museo».
La cultura, por lo general, todavía es un bien escaso. Los arqueólogos
extranjeros que vienen a Jumilla para ver el Casón se van con la impresión
de que los monumentos nacionales no son respetados. Ahora han habilitado una
plazoleta a la que se accede por una pasarela de madera y una baranda de
acero inoxidable, pero el parterre que medio circunda el sepulcro carece de
grama, flores o arbolado (lo ideal sería un seto de cipreses que lo separara
de los edificios inmediatos), y lo peor es que, frente a la mismísima puerta
de este monumento nacional, a tres metros de distancia, hay dos especies de
urinarios infectos, sin puertas ni ventanas.
‘El Martyrium’
En la calle de la Paz, de La Alberca, en uno de los solares de su propiedad,
Mariano Palarea descubrió en 1892 unos mosaicos geométricos encuadrados en
los cimientos de unas habitaciones que correspondían a una villa
tardorromana declarada también monumento nacional en 1931. Conocida por el
Martyrium, Theodor Hauschild rechaza la teoría de que el edificio funerario,
del que apenas se conservan los cimientos, acogiera el sarcófago de algún
mártir, y según su tipología lo incluye en la serie de mausoleos con cripta
y sala superior en la cual se reunía la familia en los días conmemorativos.
Como el Casón, el mausoleo de La Alberca perteneció a una importante villa
romana en cuyo entorno había una gran balsa y un sepulcro familiar rodeado
de varias sepulturas. La zona residencial estaba más al sureste, donde se
encontraron estancias pavimentadas con mosaicos geométricos y decoraciones
policromas.
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Jumilla
monumental
Desde el Castillo de los Pacheco, de estructura ovalada y
pavimento de sillería, se obtiene una espléndida vista de la
ciudad, sus campos y sierras adyacentes. Del siglo XV data la
ermita de San José y la iglesia de Santa María del Rabal. La
iglesia de Santiago, declara de Interés Turístico Nacional,
conjuga los estilos plateresco y renacentista. Fue construída en
el siglo XV por los arquitectos Pedro y Juan de Oma. El crucero y
la bóveda son renacentistas. A pesar de varias modificaciones es
reseñable el retablo mayor (siglo XVI) y la sillería del coro
realizada con madera de naranjo agrio y nopal. La sacristía se
agregó en el siglo XVIII. A unos metros está el antiguo Concejo
(siglo XVI), que fue lonja y cárcel; luce columnas salomónicas y
una hermosa galería gótica; al mismo siglo pertenece también la
iglesia de San Agustín (restaurada en el XVIII; el edificio del
Concejo, obra de Julián Alamiquez y el monasterio de Santa Ana del
Monte. El barroco está representado por la parroquia del Salvador,
cuyo retablo fue pintado por Pablo Sistori. Muy singular la ermita
de San Roque sobre la Puerta de Granada. En las calles estrechas,
pinas y empedradas, en las casas solariegas y en la rejería de
algunos edificios se refleja la historia de Jumilla. En la calle
Rico se conserva la casa del barón del Solar y en la plaza de la
Constitución está instalado el Museo Arqueológico Municipal
Jerónimo Molina. |
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